martes 21 de abril de 2009

nacimiento.. .renacimiento.. se entiende

Cuando nació era grande y feo, una de esas criaturas que le hacen a una correr la mirada y pensar algo rápido para decir, algo que no sea hiriente y que no suene demasiado falso. Tenía la cara gelatinosa; el pelo abundante, parado y duro; terco. La papada de batracio, y los ojos también de batracio. Su fealdad era irreprochable.
Su madre nunca sospechó nada, y no se la puede culpar por eso. Su padre, en cambio, siempre mantuvo distancia y cada tanto hablaba de agrandar la familia. Aunque claro, también estaba la posibilidad de que ellos dos, Gregorio y Emilia, hicieran hijos feos. O que los estuvieran haciendo mal.
Lo cierto es que por una cosa o por la otra, no tuvieron más hijos y Camilo creció como suelen crecer los hijos únicos, como un rey.

martes 30 de diciembre de 2008

¡¿Why?!

Ese día había sido único, nada podía faltarle. Siempre soñé con una salida así, caminata por el río, tomados de la mano, él me invita un licuado, yo no me animo a decirle que no me gustan. Charlas sin sentido y por supuesto algún beso tímido. Me creerías si te digo que nunca pensé que pudiese conocer tanto a una persona en una simple charla, pero así fue, ese día fue así. Nunca hubo misterio entre nosotros, lo conocí por completo, era perfecto. Sin embargo, en el camino de regreso a casa, todo mi conocimiento sobre esa persona se cayó. No sé cómo explicarlo, él cambió, se tornó amargo. Al pasar por una casa, su completa figura quedó deformada. Algo sucedía, ya no era el mismo. Algo se había apoderado de él. Lo último que llegué a escuchar fue un mounstruoso alarido que parecía decir "¡¿Why?!"
Era una imagen terrorífica: los ojos se le abrieron encolerizados, los dientes apretados, todos los músculos de la cara contraídos. Lo más extraño era que su cara, más allá de la monstruosidad, suplicaba. Miraba al cielo y replicaba "¿Why?" "¿Why?", acompañado con un gesto de la mano que pedía una respuesta. Sentí lástima por él cuando lo ví tan destruído. El principe azul que pensaba que era se desdibujaba entre mis recuerdos para pensarlo a él como a uno más o como el más extraño.
Lo primero que pensé en ese momento fue en acercarme y ver si estaba bien, pero su rostro se encontraba tan deformado que no sabía si tenía conciencia de sí, por lo que atiné a alejarme despacio sin que se diese cuenta. Caminé un par de metros hacia atrás en puntas de pié. Él me escuchó y me miró con los ojos llenos de ira y sangre. Olvidate, entré a correr como una yegua en el hipódromo. Nunca miré hacia atrás por lo que no sé si él me corría o no. Cuando ya no daba más, me di cuenta de que él no me siguió. Comenzaba a pensar que esa idea de monstruo estaba solamente en mi cabeza. ¿Cómo un chico perfecto se iba a transformar en eso? No lo sé, por lo que emprendí el viaje de vuelta.
Llegué a la casa. Estaba ahí todavía, más tranquilo. Me miró y me pidió que me sentara junto a él en el cordón.
Yo noté que no podía empezar, estaba eligiendo las palabras como para explicarme. Habían pasado diez minutos cuando dijo por fin, lleno de ira: "¡Es esta casa, Dios mío!"
Al principio balbuceó unas palabras que no entendí y creo que él tampoco. Luego comenzó a hablar de la casa. Me dijo que a diario pasaba por esa casa y siempre se quedaba mirándola, observándola cual niño que desea un juguete y pega la naríz contra el vidrio para tenerlo. No podía entenderlo, por qué esa casa estaba allí, tan diferente de todas las demás. Brillaba...
Sorpresivamente entendí todo. Miré hacia la casa, volví a encontrarme con la perfección de él que estaba a mí lado, ya podía comprender su furia, una ira incontrolable que logró contagiarme. Sentí un odio repulsivo por esa casa. Estaba tan claro ahora. Es decir, por qué cabeza, qué tipo de estupideces podría haber pensado la familia que viviera ahí para poder soportar tal asesinato al sentido estético. Estaba fuera de cualquier noción de relatividad, la casa más horripilante y de mal gusto del planeta. Todo en ella requería atención, sí, brillaba, era espeluznantemente encandiladora. Las rejas negras con puntas doradas, la fuente ostentosa, las luces espesas, los faroles... Era insoportable. Los mosaicos. Cualquier elemento que en ella hubiera le quitaban a uno las ganas de vivir, pues tal era el sentido antiestético que producían esas sensaciones incoherentes.
Me acerqué repentinamente al portero y presioné el timbre. Nunca tuve en cuenta el factor horario, pues era irrelevante frente a mi rabia y la de mi acompañante. Las tres de la mañana. Me lo hizo saber el hombre que se asomó a la puerta aterrorizado. Sin importar nada, adopté la posición de mi pareja y en un arranque iracundo, mi mano se flexionó como en una súplica hacia el cielo. Miré al hombre que se había dignado a salir de la casa. Más claro no podía ser todo. No era sólo aplicado hacia su "dulce hogar", su pijama y pantuflas hacían alarde de un mal gusto esplendoroso.


Ese emperplejo de persona en pijama no comprendía nada de la situación, tal vez era su sueño o mi modo atropellado de insultarlo donde se mezclaban las palabras con gritos y mucha saliva. Él sólo se limitaba a mirar para los costados y encogerse de hombros, buscando un guardia de seguridad o una explicación a todo, nada más… ni siquiera me miraba a los ojos Esa pasividad ante mis ataques verbales me sacaba aún mas de mis casillas. Me di vuelta, tal vez no mirar a esa persona o a la casa me tranquilizaría un poco. Nada, la posición resignada de mi príncipe aumentaba la furia en mí. Ahora estaba sentado en el cordón de la calle, mirando para abajo y negando resignadamente con la cabeza. Intenté levantarlo, que me ayudara a insultar al hombre de la casa, a lo sumo golpearlo. Ese intento de humano no podía quedar sin castigo por ese crimen contra la humanidad, que era su casa.

—¿Para qué? ¿para qué? ¿Para que insultarlo o castigarlo? Esa casa… esa casa… — Señalaba al excremento arquitectónico y comenzaba a llorar

Lo solté, todo quedaba en mis manos. Destruir la casa era mi único objetivo ahora, y si el dueño, la familia o la policía se entrometían en mi camino. Ellos también perecerían.

Tomé mi mochila…

jueves 11 de diciembre de 2008

YA SALIÓ


Sí, ya salió el nuevo número de la revista Cadáver Exquisito.
¡Conseguila!

viernes 28 de noviembre de 2008

Plantada

Me dejó plantada el muy desgraciado. Y yo acá, esperando, tiesa cual potus. Primero me dice que soy especial, que no soy como las otras... Le creí, una ingenua. Pero él es así, me promete flores y nada. Son así los hombres, ¿no? Ay, Magnolia, a vos no te pasa, vos sabés cuidarte sola, no necesitás que te estén encima todo el día. Y yo sí necesito cuidados de él, aunque me haga esto. Me tendría que haber imaginado. Si se le secan hasta los cactus, ¿cómo va a saber mantenerme a mí? Soy tan delicada... Claro, a él le gustan las de rosa, esas que se conforman con un rato nomás, después las corta. Pero yo te digo, son insulsas... muy superficiales, lo único que les importa es cómo se ven. Nunca le pedí nada, me conocés, yo dejo que las cosas pasen, él tendría que saber qué hacer. Pero me trata como una tipa que acaba de cruzarse en una plaza, pasa y disimula, como si no me viera. ¿Qué voy a decir, Magnolia? Le hablo y no me escucha, sólo habla y habla y habla. No para de contar historias, dice que así debe tratarme para que esté bien. Pero yo necesito una relación seria, echar raíces. Sabés que esto es de a dos, sola no puedo. Ahora me doy cuenta de todo. Pero te digo, no le voy a dar ni una flor a ese hombre.

Ay Magnolia, ayer estuve con él. Me vino a visitar, me regó mucho y me cortó las puntas (Es un peluquero excelente) Me contó que anda con problemas con el hijo, que le va mal en la escuela... y que por eso no había podido venir mucho.... Pobrecito, yo que hablé tan mal de él, y yo ya tendría que haber sabido, porque yo sabía en lo que me metía, en una relación con un hombre con hijos.
Después de hablarme un rato se quedó mirándome un rato largo, fue taaaan romántico. Al irse me dijo que tenía una semana muy ocupada pero que iba a hacer un pocito para mí. Soy tan afortunada, Magnolia...

Y acá estoy, sigo plantada donde él me dejó ayer, mirando como una araña cuelga de mi flequillo... pensando que este bichito tal vez prometa más que ese hombre cuyas promesas no valen nada... qué pocito ni pocito, seguro que no viene el muy hijo de puta, con su vida tan ocupada. Al fin y al cabo ¿quién le dio a quién el mes pasado, cuando me cortó mi primer retoño, tan lila y hermoso, y se lo regaló a esa? Ni me habló aquella vez, salió disparado de lo contento que estaba, imaginando su cara de felicidad al recibir la florcita, mi florcita... Ya te digo: nunca más le doy una flor. Que se joda. Al final, es igual a todos los hombres. La arañita, en cambio, sabe vivir en los demás, y al mismo tiempo protegerlos como se debe. Mirala, Magnolia, ella va a comerse todos los bichitos que me vengan a lastimar. No como aquel, que me tira con ese agua rara que lo único que hace es hacerme toser... para las babosas, dice él, pero se va y se me vienen las hormigas encima. Lo único que logra es que las abejas no se me acerquen, yo que estoy con el polen a punto y tanto las necesito... y ahora, que ya no puedo confiar en él, ¿cómo voy a hacer sin sacar mis florcitas? Bah, miralo, hablando de Roma, ahí viene el desgraciado. Seguro ni me registra...


Y no che, la planta no me da flores y eso que estamos en su temporada. Mirá cómo está de florida la de Doña Carmela, si vieras esos colores, el tamaño. Tsk ¡Claro que le hablo! Tampoco le voy a dar todo un discurso, es una simple planta, che. Ni siquiera la sembré yo, me la regaló Sofía, si no fuera porque ella viene cada tanto, la sacaría. Me estorba cuando juego a la pelota con mis sobrinos, y Mamá salta como una loca cuando la pelota roza esa planta, “no me toquen la planta, cuidado con la planta”… ni que fuera un perro o un gato.
Ayer… No, no, no: ayer el alboroto que me hizo la vieja, parece que a la planta se le cayó una hoja. Me dijo que no puedo tener así el patio, que no es tan importante cortar el pasto, pero al menos regar a las plantas. Pero no entiende, che. Y eso que lo sabe, entre la facultad y el trabajo –Que no es mucho, pero cansa como todo– llego hecho un trapo a casa, sin ganas de nada, sólo quiero ver la cama y hasta mañana.
En fin, en fin, si dentro de algunos días no da flores, me temo que…


Te digo, Magnolia, creeme. Lo vi con unas tijeras asomándose. Tenía una cara de satisfacción mezclada con miedo. Y yo qué voy a hacer. Como no le doy flores, no me quiere. Pero me usa, Magnolia. Yo lo sé, es un turro. Sólo me quiere por las flores. Mirá bien, las tijeras lo dicen todo. Ay, no sé, no sé. Las cosas no funcionan así. Al menos que me riegue un poco. Estoy sequita, sequita acá. ¿Vos qué harías Magnolia, si estuvieras en mis raíces?


Y sí che, aproveché que se fue mi vieja a Tres Arroyos para el finde y la saqué nomás. Y sí, no daba más, era una planta sin flores en el medio del patio, rompiendo las bolas, no tenía sentido. Yo sé que mi vieja se va a calentar, pero ella no tiene que andar deslomándose después de laburar y estudiar para cuidar una planta que no da flores. Ahora, sabés que no sé si hice bien al final, porque después de cortarla y cuando la estaba por tirar le salió una florcita lila...

miércoles 19 de noviembre de 2008

De no creer

“No creo en la leche”, me dijo el muy atrevido. Empecé a preocuparme. Quizá debería ver si tiene fiebre, pensé, debe estar alucinando. A lo mejor son esas ideas locas que le meten los amigos. Ya los voy a agarrar, sinvegüenzas Andar metiendo esas locuras a inocentes. Seguro que se habrá juntado con esos… No lo puedo creer, qué voy a hacer con este chico. Si sigue así, dentro de poco ¿qué me va decir? Que no cree en el aire, que él no respira, que no existimos. Habrase visto… Cómo me va a venir con esas cosas… Yo le dije al Tito “El nene no me toma la leche, dice que no cree en la leche”. Se me quedó mirando y me dijo que tenía que ir al siquiatra. Yo no entiendo esas cosas. Le voy a decir a mi nene, pero si no cree en la leche, menos va a creer en los siquiatras. Ay, qué voy a hacer… Qué voy a hacer… Si le doy la chocolatada no me va a creer. Me dice que es una postura de vida, que él no puede aceptar la existencia de un líquido de tal calaña. Ma qué postura de vida ni qué ocho cuartos, "nene, tomate la leche y dejá de romper". Pero no cree, Aurora, el nene no me cree en la leche. Dice que la vaca no da la leche. Dice que es una ilusión. Ya no sé qué hacer con este nene. Y lo único que me falta es que me aparezca con un tercer ojo, una túnica naranja y un día me diga “Mamá me voy al medio de la montaña a hacer un retiro espiritual”. Y ahí qué hago, ¿eh? Dígame, Aurora, qué hago. Lo pierdo para siempre. Después de todo lo que yo hice por el nene. Las veces que me levanté a mitad de la noche para taparle los pies, porque no sabe lo que el nene se mueve cuando duerme. Lo que lo cuidé cuando le agarraban los ataques de asma en el medio de la calle. Usted no sabe. Y ahora esto. El señorito no se toma la leche: no cree en la leche. Después de la buena educación que le di, las veces que le dije “Nene andá a hacer la tarea” y él que protestaba y pataleaba, hasta que se sentaba a la mesa, abría el cuaderno y yo le preparaba esos bizcochos que a él tanto le gustaban, mi nene querido, qué te hicieron. Pero te digo, Aurora, que son esos amigos bravos que tiene. No sé de dónde los sacó. Yo voy a ir a hablar con la maestra, a ver qué me dice, a ver cómo se comportan en clase. La otra vez vinieron a casa a jugar, a la tarde, después de la escuela. Calladitos, eran. Educados. “Sí, señora”, “No, señora” los hubiera visto Aurora, unos señoritos. Les serví la leche con unas galletas. Una receta que heredé de la Nona, Dios la tenga en la gloria. Una receta de años. Y a que no sabés, a que no te imaginás. Yo estaba viendo ese programa que miro a la tarde, te das cuenta de cuál te hablo, ese que empieza a las cuatro, y les puse esos dibujos que miran todos los chicos, que los tiene embobados. “No miramos tele, señora”, me dijeron. Y me dejaron el plato lleno, ni probaron las galletas de la nona. Y de la leche mejor ni hablo porque me sube la presión. No, no, si esto me huele mal. A leche rancia. Y pero si ahora vienen así los chicos. Uno les da todo y le salen así, ingratos. Les van pasar por arriba. De no creer. Yo todavía estaba asustada de que me saliera ateo; a lo sumo, anarquista. Pero, ¿la leche? Estos críos son increíbles. ¿Qué tomaban del pecho cuando recién nacieron? No habrá sido gaseosa... Aunque para que anden pensando esas cosas, quién sabe qué madre rara habrán tenido. Y ahora le andan revoloteando alrededor a mi Franquito, él es tan ingenuo, se deja comprar con cualquier gansada. Pero qué le voy a decir, no puedo convencerlo de que crea en la leche. Es casi como decirle que existe Papá Noel después de haberle confesado la verdad. Mire, Aurora, ¿usted qué haría en mi lugar? Yo ya estoy pensando en decirle al Miguel que lo faje a ver si aprende por las malas, pero no va a empezar a creer en la leche por una paliza. Y le digo más Aurora, la gente ya empieza a decir. Ya ahora que se vino el calor y la gente está en la puerta, o apoyada en la rejita, empieza a decir vio. El otro día, lunes creo que fue, venía yo del almacén con dos sachés de leche y en esas me cruzo a doña Carola, que venía del brazo con Filiberta hablando, y se me quedan mirando, calladas se me quedan mirando, y cuando ven la bolsa se me ríen entre dientes. Y a mí me cuentan lo que dice, el muchacho de la esquina me cuenta, que andan diciendo que el nene me salió satánico, que es comunista, y qué sé yo cuántas barbaridades más que usted no se da una idea. Yo ya no sé que hacer Aurora, este chico me hizo el hazmerreír del barrio, al Jorge lo gastan en el trabajo me cuenta, yo ya no sé que hacer, este domingo lo trato de llevar a la Iglesia a ver si el Padrecito me lo puede corregir. Pero me cuesta creer que esto sea una de esas cosas que se solucionan con un poco de agua bendita, sin ofender, que yo soy más católica que nadie ¿Sabe qué pasa Aurora, quiere que me sincere? Porque yo soy ninguna sonsa. Así como me ve, yo era la mejor de la clase. Me dieron diploma de honor. Todavía tengo la medalla guardada en la mesita de luz, con la que me dio mamá cuando cumplí los quince. Por eso le digo que me escuche Aurora y me diga qué piensa, porque yo ya no puedo más así. No doy más. Es que Franquito siempre fue muy especial. De chico otros nenes lo burlaban porque andaba con el inhalador en el bolsillo del guardapolvo para todos lados, por las dudas, como yo le enseñé. Y los otros se reían, los sinvergüenzas. Desde chiquito que era distinto. De bebé. Por eso no creo que haya que darle mucha vuelta al asunto, ni meter en esto a los comunistas o a los compañeritos que son terribles, si usted supiera. No. Viene por otro lado. Está más claro que el agua. Le voy a contar desde el comienzo. Desde el parto. No se imagina cómo me costó darle la leche a Franquito cuando nació. No sé si usted sabe Aurora, pero yo era una maricona. No sabe el escándalo que hice para que no me hicieran cesárea y el nene que era grandote y no podía salir por parto natural. Y yo que lloraba y le gritaba al médico “ni se le ocurra abrirme la panza, ni se le ocurra”. Y después me habré quedado dormida porque no me acuerdo de nada más hasta que lo tuve a Franquito encima mío y no sabés Aurora, no sabés la de besos que le dí. Era un gordito precioso. Eso sí, me daba un miedo darle la teta. Un miedo bárbaro. Los primeros días le dio de comer otra mujer que estaba en el hospital que ya tenía como cuatro chicos y tenía leche para tirar al techo. Era un espectáculo. Después me fui aflojando hasta que le agarré la mano y el nene que al principio, de resentido nomás, no quería mi leche, le fue tomando el gusto de a poco. Y después todo fue normal. Por eso le digo Aurora, esto es cuestión de tiempo, es algo por lo que yo ya pasé. Por eso, en cuanto llegue del colegio me lo siento acá, en la falda, como cuando era un bebote morrudito y va a ver cómo de a poco va a ir aflojando.
Fin.

jueves 13 de noviembre de 2008

Lunática

La vi, estampada, coloreada, entre sus propias montañas. De su aureola se desprendía otra luz, no era ya la propia, era la de ese otro astro diurno, que cega. Pero ella, fiel amante nocturna, rellena, circular, con defectos -los tenía todos-, la más resplandeciente. Ella siempre en el mismo lugar, yo me pierdo, pero quiero encontrarla.
Su pálida pureza, su relieve sutil, toda ella me obsesionaba. Sobre todo por la forma en que su brillo no le pertenece, por la forma en que el firmamento, profundo,vacío, se dispone todo a enaltecer su platinado. Y mientras más me obsesioné con alcanzarla, más pareció alejarse.
Y me miraba, no dejaba de verme ¿Otro soñador más? O como dicen por ahí: otro loquito con la luna. Pero quiero que sepan, yo no tengo la culpa. Son ellos, todos ellos. Suicidas voladores, fumadores nocturnos, amantes lacrimógenos, pfffff... basta, basta de meterme en sus asuntos. No los deseo, ni los necesito. Váyanse con su poesía barata a visitar a Julieta, esa sí que esta necesitada.
A través de ella veo lo que vió, a través de su brillo me enseña, me enseña a matar con risa, a abrazar con brazos de tierra, a cantar con susurro de hojas, a mirar con ojos de niño y a luchar con corazón de luna.

martes 14 de octubre de 2008

Otro más

Ahora está a salvo. Se tomó un taxi hasta su casa aunque sabe que sólo tiene un billete impresentable de dos pesos y algunas monedas que ni siquiera alcanzarían para un boleto de colectivo. Sabe también que por el momento la tarifa asciende a más de diez pesos y que el conductor es un gigante. Sabe, por fin, que es ahora o nunca. Por eso aprovecha el semáforo en rojo, abre la puerta, y se aleja corriendo en dirección contraria a la del taxi. Por lo menos, piensa, pude alejarme unas cuarenta cuadras. Pero no sabe si será suficiente.
A pesar de su rapidez, sigue teniendo la sensación de que alguien lo sigue. Continúa su marcha hasta llegar al puerto. Convencido de la ausencia de su acosador, se detiene -o lo detiene su intuición- en una dársena sólo para darse cuenta de que allí no hay nada, ni autos, ni barcos, ni gente, nada. Algo extraño estaba sucediendo esa noche...
No hay nada.
Excepto luna, y mar, y la brisa de la noche.
Y tal vez una cigarra momentánea.
Algo está mal, definitivamente.
Vuelve sobre sus pasos.
El horror lo invade:
No hay calle, no hay casas, no hay vereda.
Bosque.
Pasto, árboles, tierra.
Los ataca con su tarjeta de crédito, que cae en un pocito lleno de agua y queda inutilizada.
En el pocito, la tarjeta queda inutilizada. No sólo eso, muta, se transforma en una tarjeta engendro que promete la venganza a su poseedor y al taxista que no la aceptó. Sólo quedaba como un despojo de plástico lastimoso entre plantitas, moho, barro y el agua de la mini laguna.
Ahí se acerca un conjunto de órganos a levantarla.
Y otra vez me encontró la noche, solo, regresando, como siempre. Yo sabía que no podía más, le dije al día que no puedo seguir siendo Luna mientras lloro la tarde del verano, porque se secan las lágrimas, las lástimas lastiman mi estima y estiman que esta madrugada no es nuestra, es otro grito al viento más, otro silencio bajo el árbol, silencio. Bondi, tren a Retiro, y de ahí micro, a donde dicten las palabras, porque sur o no sur, no me queda otra.
Si tan sólo me acompañara ese dejo de alegría...

sábado 4 de octubre de 2008

Quién te dice

- Gracias, muy amable. - Le dije con tono asqueroso ante su mirada. Era uno de ellos, esos que no te dejan en paz.
- Me parecería mejor acortar un poco aquí la manga, quizás el ruedo un poco... ¿La altura qué le parece? El color le queda espléndido - Continuó a pesar de mi cara de hartazgo.
-No, está bien, siempre llevo este talle y nunca tuve problemas. No se preocupe - Sin embargo el otro miraba insistentemente como para que le hiciera caso. - Bueno, en todo caso, haga lo que le parece, usted es el que sabe, ¿no? - Solté para librarme de su pesadez.



continuá...

miércoles 24 de septiembre de 2008

Entre tragos

Incluso luego de unos cuantos tragos, lo seguía viendo tan nítido como desde hace años.
El cuello demasiado largo, el puente de la nariz demasiado rígido. Y, aunque tratara de no mirarlo a la cara, sabía que ahí estaba su mueca imbécil, definitiva como un tatuaje.
No hice más que mirarlo, detenidamente, cual niño que mira un paisaje extraño. Él no me miró nunca. Estaba perdido entre el éxtasis de la locura transmental de los idiotas, ésa que yo también conocía y de la que no me hacía cargo.
Por un instante sentí el vértigo de ser absorbido por su mueca, túnel de paredes elásticas, nexo entre mi presente y su historia. Quise correr como un prófugo, como un delincuente del mundo de los sanos. Quise golpearlo en la cara. En la nariz. Tal vez de ese modo me miraría una sola vez y entonces entendería.
-¿Querés fumar? –le dije, y vi cómo se le iluminan los ojos.
Claro que tal reacción no era la que esperaba en esas circunstancias. Por ello, tomé otro trago para encorajarme, pité largamente el cigarrillo, y le espeté una sarta de injurias que equivaldrían a unas cuantas bofetadas. Se quedó absorto, sin comprender la causa de aquellas palabras indolentes.
Entonces pude ver cierto dolor en sus ojos. No entendía bien qué ocurría, pero diría que hasta sentí compasión de su lastimosa existencia. Comprendí de golpe que tantos años esperando respuestas, no significaban más nada. Con un simple girar de cabeza logró lo inesperado, que yo sintiera pena de él.
Pero él no se iba a conformar con eso, estaba ahí con un objetivo preciso y no se iría sin cumplirlo. Debía someterme a la noticia que yo me resistía a oír, a que penetrara en mi conciencia. Estaba demasiado absorto odíandolo como para centrar mi atención a otra cuestión que no fuera su cara, deformada por la estereotipada huella del trabajo inútil.
-Lara se va–dijo el imbécil–, se vuelve a México para siempre.
Después pitó y soltó una risita seca y sin gracia que se fundió con el humo sucio que largó por la nariz. Por un segundo creí ver los rasgos de un toro donde debía estar su cara. Decidí no contestar. Ni siquiera fingí sorpresa o confusión. Qué sentido tenía. Ahora el recuerdo de Lara bailaba en el aire como el humo del cigarrillo: sucio.
Entonces, fue ahí cuando pude verlo todo claramente (qué paradoja, entre aquel humo que nublaba la vista de otros, ante mí se erigía un horizonte despejado). Lara se iba, volvía a México para siempre. Y él, el muy desgraciado se regocijaba en mi infortunio. Él iría tras ella, cual perro faldero, implorándole las migajas de un amor que había negado a toda la humanidad. Esa Lara...
Siempre supe, aunque no quise darme cuenta, de la clase de calaña que era. Se iba, con el imbécil pegado a su espalda, limpiando su mierda. Mi vida se desfiguraba entre tanto humo y tragos.La cara del imbécil seguía ahí, mirándome como si me interesase mirarlo. Había cierto regocijo en su mirada. ¡Estaba disfrutando mi inmundicia, el hijo de puta, y no lo podía permitir! Con el fuego en el alma tomé una botella y lo golpeé en la cabeza con todas mis fuerzas. Cayó instantáneamente. Con los restos de la botella corté todo su cuerpo mientras me cubría con su sangre. Su rojo caudal le servía de abrigo a mi piel. Ahora yo era quien se regocijaba.





Continuá...

jueves 4 de septiembre de 2008

Otro cadáver

Penetraban inconcientemente en pensamientos ajenos, adentrándose en otros interiores. Considerando las situaciones insólitas en las que se desarrollaban los días de estos individuos, resulta extraño que aún no hayan sido múltiples. O que aún siendo múltiples puedan interpretar otras multiplicidades, de los otros, de ellos...
Comenzaban recopilando imágenes robadas, propias e imprecisas. No necesitaban de mucho para poder alimentar aquel sistema que los unia. Hasta que ese día descubrieron que lo único intrascendental sería su perdición...
Habían salido temprano, antes de esa hora en que los recuerdos atardecen y los restos del día, esas migas endurecidas, salpican la geografía de silencios graves. Buscaban un espacio provisorio para intercambiar noches y descubrir, en algún altillo vagabundo, imágenes para colorear.
Entonces fue ahí cuando el estallido se llevó a cabo. Las cubiertas de las páginas se fueron decolorando hasta que quedaron en blanco, escupiendo así sus propios interiores multicolor.
Ese blanco asesino, introspectivo, que todo destruye pero a la vez condición posibilitante de lo nuevo. De la destrucción a la creación. Acto divino, salto de trascendencia.





[Continuar...]

martes 2 de septiembre de 2008

Próximamente la oda al mate, su apología y su propaganda,
para los mejores sabores con los que se disfruta de un exquisito cadáver.

(el que tenga las pruebas del delito, que se haga cargo y lo suba... )

Veleta



Flotás con el viento,
comunismo o justicialismo
quién te entiende, veleta.

Volás, volás como un ciego
tus alas son()risas
tu mente, un pañuelo.

Cuando hablábamos nadie quería jugar,
todos construimos un castillo.

Pero ya no más lugar,
siquiera para participar.

Seguís volando veleta
volás, quieta en el techo
de metal te convertís en cielo.

Ahora harás girar la guitarra en tu cabeza
como un helicóptero con ganas de vivir
como una veleta que no sabe a dónde ir.




(domingos veletas arrancadas)

miércoles 27 de agosto de 2008

El grado cero

Hola, después de definiciones de toda índole, ahora los queremos ver. Dejamos un comienzo, una líneas, y veremos cómo sigue la cosa. Acá va:


Eran las seis de la mañana de un sábado y Marcos estaba demasiado borracho como para tomarse un colectivo o un taxi que lo acercaran a su casa. Sin embargo, todavía era capaz de caminar. No en línea recta, no como un tipo decente, pero, de a poco, avanzaba hacia alguna avenida importante. Él no lo sabía, pero tan sólo estaba a unas diez cuadras de su casa. De cualquier modo, eso no importaba demasiado porque, antes de llegar a la esquina, recibió un mensaje de texto. Decía:

Ésta no es la vida que elegí para mí.

Sorprendido por tan extraño mensaje a esas horas de la madrugada, Marcos levantó la vista perdidamente. Una niebla espesa comenzó a invadir la cuadra. El cielo aún estaba oscuro, como debe esperarse en invierno. De aquella negrura neblosa, divisó una sombra blanca...



Continualo como te parezca.
Besos exquisitos!


[Ju
Mv.
Bar]

Receta de cadáver

La sagrada Wikipedia dice:
[Cadáver exquisito es una técnica por medio de la cual se ensamblan colectivamente un conjunto de palabras o imágenes; el resultado es conocido como un cadáver exquisito o cadavre exquis en francés. Es una técnica usada por los surrealistas en 1925, y se basa en un viejo juego de mesa llamado "consecuencias" en el cual los jugadores escribían por turno en una hoja de papel, la doblaban para cubrir parte de la escritura, y después la pasaban al siguiente jugador para otra colaboración.
El cadáver exquisito se juega entre un grupo de personas que escriben o dibujan una composición en secuencia. Cada persona sólo puede ver el final de lo que escribió el jugador anterior. El nombre se deriva de una frase que surgió cuando fue jugado por primera vez en francés: « Le cadavre - exquis - boira - le vin - nouveau » (El cadáver exquisito beberá el vino nuevo). En resumidas cuentas se combinan cosas de una idea agregando elementos que pueden o no pertenecer a la realidad. Los teóricos y asiduos al juego (en un principio,
Robert Desnos, Paul Eluard, André Bretón y Tristan Tzara) sostenían que la creación, en especial la poética, debe ser anónima y grupal, intuitiva, espontánea, lúdica y en lo posible automática. De hecho, muchos de estos ejercicios se llevaron a cabo bajo la influencia de sustancias que inducían estados de semiinconsciencia o durante experiencias hipnóticas.]

Nosotros preferimos nuestras acepciones... pero la base del juego consiste en eso, ¿no?
Zaraza, se entiende... Lo más importante es que participes de nuestros cadáveres colectivos.

Por cierto: ya salió a la venta el primer número de "Cadáver exquisito: la revista literaria del grupo Ruans". PEDILA.

Acepciones
















Cadáver exquisito: dícese de


  • fiambre delicioso, cultivado en las costas de Francia

  • conocida tribu que acostumbraba cocinar cabezas en la época de Franco

  • banda de punk-rock que hizo furor en los '50 con el tema "HACETE FIAMBRE"

  • en la ópera japonesa "Turandot", nombre del personaje filósofo que aconseja a la reina dejar la corte y dedicarse al canivalismo

  • expresión utilizada para describir comida mediterránea, basada en un cuerpo untado en mermeladas de distintos sabores

  • difunta ex-esposa del famoso dramaturgo búlgaro Ernesto Quisot, apodo amistosamente Quisito

  • grupo de hippies rebeldes que, en su época cumbre, utilizaban como pasatiempo ir a cementerios, desterrar a los exánimes y untarlos con diferentes dulces y salsas

  • expresión utilizada por los drogadictos cuando padecen del llamado "bajón"

  • prescripción de medicamento post unción de los enfermos

  • en la religión tombudatiti del norte de África, oración utilizada al momento de exhumar sus muertos y servirlos con pan tostado a la mesa

  • planeta alargado que dos niños aseguran haber visualizado, utilizando el culo de una botella de vidrio como telescopio

  • tribu urbana que polemiza con floggers y emos

  • enfermedad venérea que surge de realizar actos sexuales con cadáveres

  • animal asiático que baila tango en las noches de luna llena, en busca de carroña

  • famosísima marca de mortadela fabricada en los suburbios de Bs.As.

  • ritual establecido por adeptos a una secta religiosa de nombre desconocido, según el cual se acostumbraba a hacer picnics sobre las tumbas de los fallecidos pastores, ofrenda para los cuales eran los restos de fiambres y sandwichs

Cadáver exquisito



Damos la cálida bienvenida a éste, nuestro nuevo blog.
El objeto del mismo es publicar con frecuencia escritos del grupo, o informaciones de incumbencia, divagues, delirios, aventuras, anécdotas, fotos... y sobre todo: CADÁVERES EXQUISITOS.
Así que, esperamos un buen recibimiento a éstos, nuestros frutos...
Grupo Ruans
http://gruporuans.blogspot.com/